“Las dos lápidas del padre Fahy”, por Roberto L. Elissalde, en Gaceta Mercantil.com 23.05.2021.

POR ROBERTO L. ELISSALDE en Gaceta Mercantil.com 23.05.2021

Este año del sesquicentenario del fallecimiento del R.P. Antonio Fahy, ocurrido el 20 de febrero de 1871, traemos al conocimiento de muchos lectores un episodio curioso. Cuando era alumno del secundario, hace de esto más de medio siglo, nos llevaron al cementerio de la Recoleta para hacer una visita y el guía nos habló de un hecho insólito: el padre Fahy estaba “sepultado” en dos lugares. En realidad nos aclaró donde estaba sepultado realmente, en el monumento emplazado a comienzos del siglo pasado e inaugurado en 1911 por la Asociación San José, pero aquí va la historia.

Vi esa placa hace muchos años y el pasado lunes 18, en la reunión virtual de la Junta de Estudios Históricos de la Recoleta, quise confirmar lo que recordaba porque se lo había comentado al presidente de la Asociación de Estudios Irlandeses del Sur, el exembajador Justin Harman. Pero como todo historiador que habla por recuerdos debe tratar de confirmarlos, esto es lo que obtuve esa tarde.

El padre Fahy falleció en su residencia de la calle Reconquista 42, en el primer piso de una casa de altos. Según el censo de 1855 vivía allí con Constantino O´Rourke, sirviente de 70 años, Patricio Culligan de 60, ambos irlandeses, y Santiago, de la misma edad, un cocinero francés.

No murió de fiebre amarilla, según la constancia que se encuentra en la parroquia de la Merced, pero el mal regulaba muchas medidas sanitarias, como lo observamos en la actualidad. Entre ellas que el difunto debía ser sepultado el mismo día de su fallecimiento. Así fue que el arzobispo, monseñor León Aneiros, no pudo sepultarlo en el panteón de los canónigos de la iglesia catedral y la inhumación se realizó en la Recoleta.

Hace poco un historiador encontró muchas cartas de Fahy pero le extrañaba que ninguna de sus corresponsales. Intuimos que, entre las medidas sanitarias, estaba la de quemar los objetos de uso personal de los muertos en la epidemia, y aunque nuestro sacerdote no lo fuera por las dudas se cumplió con esa orden.

Las exequias de Fahy fueron comentadas en The Standard de este modo: “Bajado el féretro desde la planta alta y colocado en el coche fúnebre, se formó el cortejo. El primer carruaje fue ocupado por monseñor Aneiros; el segundo por los religiosos dominicos; siguieron otros cuarenta además de otros vehículos particulares, que limitaba a cinco el número de coches. A las siete llegó el cortejo a la Recoleta y mientras doblaban las campanas el féretro fue conducido a la capilla mortuoria donde el obispo y el clero rezaron las oraciones litúrgicas, Siguió la procesión hasta la bóveda del clero, y aquí, de nuevo el obispo y clero asistente rezaron los responsos usuales”.

El ataúd llevaba una placa que decía: “Rev. Antonio Canon Fahy. Born ar Loughrea, Ireland, A.D. 1804. Died at Buenos Aires Feb. 20th 1871”. El “panteón del clero” en boca del periódico se refiere en realidad a una cripta o galería subterránea ubicada debajo de la sacristía de la iglesia del Pilar. No eran tiempos fáciles aquellos y mucho peores habrían de vivirse en Buenos Aires con más de 13.000 muertos ese año.

Los viejos miembros de la colectividad irlandesa guardaban el mejor recuerdo de Fahy por los favores espirituales que habían recibido y, ni decir, el asesoramiento en lo material para evitarles estafas o decepciones de personajes que nunca faltaban para esquilmar a los inmigrantes. Por esa razón decidieron al poco tiempo levantarle un monumento, empresa que se fue demorando por no saberse dónde estaba el féretro. Treinta años después se encontró un resquicio debajo de la sacristía donde afortunadamente se encontraban los restos del religioso, que fue trasladado al panteón lindero al templo propiedad de la Asociación Eclesiástica de San Pedro. El 27 de setiembre de 1911 se inauguró el monumento mandado construir por las señoras de la Asociación San José, que entre sus símbolos tiene la cruz celta, el ángel y detrás la figura de un perro, seguramente en referencia al que acompaña al Pastor para cuidar a sus ovejas.

Como lo dijimos al principio, en la reunión de la Junta lo consulté con Carlos Francavilla, que fue director de ese cementerio, y la guía Susana Gesualdi, quienes me confirmaron totalmente mi recuerdo. Avisado el embajador Harman, esperando cuando poder ir juntos y observar el lugar, Héctor Guevara tuvo la generosidad de tomar una fotografía de la famosa lápida que recordaba, noticia totalmente desconocida en la comunidad irlandesa.

Esa fue la primera que se colocó. Debajo de una ventana se encuentra la lápida que acompaña esta nota y dice: “En recuerdo cariñoso del Canon Antonio Fahy que fue por 27 años capellán irlandés de Buenos Aires. Murió el 20 de febrero de 1871 a los 67 años. RIP”.

Roberto L. Elissalde es historiador; Académico de número y vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y miembro del Consejo 2020-2022 de la Asociación Argentina de Estudios Irlandeses del Sur.

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